DOGMA O TRIUNFA O MORIREMOS TODOS

De-construyendo el cuerpo del pecado

 

Ángel García Roldán

 

Texto publicado en el catálogo 'Return to Paradise'. 2008.

 

 

 

«Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, 

Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven.» 

 

José Saramago. 

Ensayo sobre la ceguera. 

 

 

Cuando el cuerpo es representado no lo hace inocentemente. su lenguaje depende de una estructura demasiado compleja que nos remite a un juego de resonancias donde la traducción no sólo es imposible sino que, llegado el caso, puede resultar indeseable. 

 

A pesar de ser susceptible y objeto de manipulación, la imagen del cuerpo nunca deja de mostrar su poder hipnótico para quien trata con ella, prestándose -como los amantes- a esa unión pasional que se confunde en la mística y su metáfora. Para empezar, aclararemos precisamente esto; que el cuerpo no es ajeno a ser “mostrado”, que no se manifiesta a si mismo sino a través de su intermediario, o lo que es lo mismo; de ese otro “cuerpo” social que genera su imagen “adecuada” y “justa” para el gesto que pretende ser mostrado. El cuerpo social es la medida y el canon perfecto para adaptar la iconicidad de un “nuevo cuerpo” orientado para el consumo. 

 

El cuerpo, no habla, no grita, no gime, permanece mudo, como objeto e instrumento para esta nueva fe. Y las voces que nos susurraban con su eco dejaron de ser poesía inocente para convertirse en palabrería, porque los espacios desde los que nos hablan ya no son territorios del sueño. La dulzura de las primeras horas en los jardines de la abundancia dio paso al juego ignorante del poder, relegó al cuerpo a convertirse en mero guión de actores y actrices, cuya representación no deja de convertirse en un discurso afectado por el peligro de la polaridad, la moda o la -conveniente- convivencia. El cuerpo se mantiene mudo bajo el dominio del oportunismo. El cuerpo enmudece porque es convertido en bufón de la extravagancia y del exotismo. El cuerpo ya no siente porque confunde su movimiento con su manifestación. El cuerpo es golpeado para demostrarse a si mismo la ausencia de “otro” dolor El otro, lo “otro”, necesitamos de la circunstancial distancia de un espacio que habitar.  Desde la soledad más rotunda que el ser acaricia, debe darse paso a la experiencia del primer dogma: el compromiso en la creencia común; un acto de entrega tan hermético como terrible, que permita expiar las culpas  e  ir  contra-natura, negando la posibilidad de renunciar una vez elegido el sacrificio. Así, convirtiéndonos en mártires, anunciamos la intención de confraternizar con nuestros semejantes, desde el desprecio a uno mismo, demostrando que no estamos del todo solos y que esperamos redimir nuestras acciones con la esperanza de la salvación y el premio de ese otro Paraíso, en su día cerrado y siempre prometido. 

 

Pulsiones y pasiones; negados de razón pragmática, que descubren la erótica de un cuerpo y que liberan un proceso que, como tal, quiere ser vivido. Fisura que reina en el territorio para muchos (estoicos todos ellos) de la debilidad y la turbulencia. Pero es aquí, donde el cuerpo no escucha otro eco que el de sí mismo, liberado de todo perjuicio, donde se inicia la problemática del límite y la disyuntiva de la moral, el código o la norma. Nuevamente la preocupación por la medida recae sobre el cuerpo y reorganiza su realidad. Memoria y piel; extrañeza que dialoga con la finitud del compromiso y alimenta en la lejanía el distante instante de su territorio. Que no concluye porque alimenta otras realidades y que establece la paradoja de los nudos retorcidos de la pregunta. Ojos que al no ver; no sienten y memoria que sutilmente queda en espera, bajo el bajo-vientre de su herida. Así se proyecta el dolor y su sacrificio, no como estado de un cuerpo que se “con-siente” y con el que “convive”, sino como medio para la salvación de una ironía, mística y macabra, que a todos suena y que pervierte el sentir en pro de un mundo venidero. Angustia ante la existencia por no saber asumirla. Búsqueda en otro lugar del jardín negado. Utopía, en definitiva, de un cuerpo inmortal. 

 

Ante esto, solo la osadía, supone una seria apuesta para el cuerpo. Por eso, hacemos nuestro el atrevimiento, apartándonos de la subjetividad de la mirada para entrar de lleno en la acción, sumergiéndonos en ella e inundándonos de todas realidades que la producen. La re-presentación vuelve, en retirada, a los territorios de los que nunca debió salir y el  hombre que se hacia invisible, deja de ser anónimo para curar su ceguera y poder exclamar: O Triunfa o moriremos todos. 

Retur to Paradise. 2008

Catálogo

Imágenes de la serie 'O triunfa, o moriremos todos'. Cuba. 2008.

Imágenes de la serie en la exposición 'Retur to Paradise'. Arte 21. Córdoba'. 2008.

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