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EXPERIENCIA I. MORPHING EN EL MUSEO.

 

«El término “retrato” conlleva una intensa carga cultural así como bastante confusión y muchos significados encontrados. Cuando la fotografía comenzó su singladura a mediados del siglo XIX, algunos dieron por sentado que era una simple extensión del retrato pintado: un mero “Rembrandt perfeccionado”(…) El público en general sin embargo, comprendió de forma instintiva hasta qué punto la fotografía anunciaba una nueva era (…) tan mágico era el proceso, que la gente se contentaba con comprar retratos de desconocidos, de modelos que sabían cómo permanecer inmóviles durante los minutos que exigían los primeros retratos fotográficos». 

El rostro humano. 2008

 

Al ser retratado coexiste en la praxis un proceso individual y colectivo. 

El sujeto ofrece al artista su YO mas externo, conteniendo simultáneamente el hecho, veladuras de su más intima presencia (ansiedades, grandilocuencias…)

Lo colectivo mira el efecto generado en la interacción  del “par  fotográfico” (el que es retratado- y aquel que retrata) mediatizada ésta preliminarmente por el artefacto. 

Se enfrenta a una imagen en la que sin haber sido advertido, puede reconocer moderaciones o disposiciones atemporales.

Si el rostro del humano retratado es “apropiado” por otro, toma del anterior su forma primera, y añade al “lugar” del fotografiado, ajenas idiosincrasias. 

Se establece así una correlación emocional, que abandona lo simétrico y se aproxima  a lo sumado, compartiendo indiscutiblemente el  imperecedero placer  de ser mirado.

 

EXPERIENCIA I. MORPHING EN EL MUSEO.

 

 «La fotografía es una herramienta para tratar con cosas que todos conocen pero que nadie presta atención. Mis fotografías se proponen representar algo que ustedes no ven». 

Emmet Gowin.

 

El pintor reconstruye espacios, reinventa sucesos. 

 

El espectador los observa y reconoce en ellos vagamente tránsitos de color, sin ni siquiera advertir aquellos “otros recorridos”: los del pintor en su alma.

Si el observador adopta del ejecutante su virtud, ensambla en lo expuesto ocurrencias presentes. Reconsidera  de este modo ARTE  y VIDA y articula en la imagen relegados lugares, tiempos  e incluso su propio aliento.